20 diciembre 2005

País de locos

País de locos, llamó alguien a esto que todavía es España. Y lo cierto es que cada vez están haciendo que se parezca más al patio de un manicomio.

Mientras Luis Herrero y Mayor Oreja se desgañitan en Bruselas clamando contra la persecución a los medios de información en Cataluña, sus conmilitones Piqué y Vendrell apoyan la ley que permite que el Consejo Audiovisual Catalán (CAC), presidido por el PSC y dominado por cargos de confianza del tripartito, sea el que decida y sancione cuándo la información difundida por los medios es veraz. ¿De verdad alguien piensa que la libertad de crítica de la prensa puede dejarse en manos de los criticados?.

El presidente Rodríguez habla de patriotismo cuando su partido en Cataluña pacta con los separatistas un estatuto que rompe en cien pedazos la unidad nacional y sus homónimos vascos apoyan en los presupuestos del gobierno vasco los fondos necesarios para mantener la infraestructura de ETA en las prisiones. ¿Y aún se extraña de que le llamen bobo?.

En Galicia el gobierno nacional-socialista no esconde sus deseos anexionistas sobre los territorios limítrofes a su comunidad. Las comunidades vecinas protestan y el ejecutivo gallego les exige disculpas.

El Parlamento se ha convertido en el puerto de refugio de cuantos bucaneros de la política se mueven por los mares de España, y en sus pasillos podemos ver desde una protesta contra la guerra de Irak camiseta en ristre hasta minimanifestaciones con insultos incluidos contra ex-ministros de la Nación. En sus despachos encuentran cobijo desde los asaltantes de la propiedad del director de un periódico hasta los fantoches que pretenden cerrar los medios que le son incómodos.

Los mejores elementos de cada partido son sacrificados en el ara de no se sabe bien qué pequeño dios. Hablo de Redondo Terreros, Rosa Díez, Gotzone Mora o Vidal-Quadras.

Pero la España que nos destruyen estos politicastros que nos malgobiernan no es nada de eso. Es mucho más que eso.

Miren a su alrededor, y pregúntense por lo que ven, o mejor por lo que no ven. No ven catalanes, vascos, castellanos, gallegos, andaluces o canarios. Ni siquiera ven socialistas, comunistas, derechistas o falangistas. Tampoco ven cristianos, laicos o ateos. Ven personas, compatriotas, todos españoles. Sí, españoles que compartimos las mismas ilusiones y esperanzas, los mismos miedos, las mismas quejas, las mismas virtudes y los mismos defectos. Compartimos generación tras generación un pasado común y luchamos juntos por un futuro mejor. ¿Importa que su vecino sea catalán o andaluz? ¿Es el castellano que vive en el primero diferente del vasco del cuarto? Compartimos la misma cultura y el mismo ser esencial. Todos somos españoles, incluso los inmigrantes que llegan, un día serán también españoles si son capaces de integrase en esta empresa común que se llama España. Para la patria esas diferencias no existen, no importa el lugar de nacimiento, ni de procedencia, ni el color de la piel, ni la religión o las ideas políticas. Todos somos iguales, todos somos españoles. Todos trabajamos, codo con codo para progresar y construir, para aportar, a esa larga historia común, un nuevo capitulo del que las generaciones futuras puedan sentirse orgullosas. Eso es lo que significa la patria y eso es lo que hace grande una nación. Pero hoy tristemente, desgraciadamente, España es muy pequeña.

Hoy nos dicen que sí nos ha de importar si nacimos en Cataluña o en Castilla, que somos diferentes, que los siglos pasados, compartiendo penurias, esfuerzos y de vez en cuando éxitos, no significan nada, que debemos fijarnos en lo que nos separa y no en lo que nos une. Nos dicen que no somos una nación, sino una nación de naciones, que ya no somos españoles, sino catalanes, vascos gallegos o castellanos, que nuestra patria es una mentira, que es ridículo llevarla en el corazón. Pues bien, nosotros desde aquí decimos, que pese a sus burlas, a sus ataques, a sus maniobras, seremos los primeros en luchar para que nuestra patria no se separe, y seremos los últimos en abandonar esa lucha para que España siga siendo la patria de todos.

España hoy es pequeña, pero no tanto como para que entre todos, con independencia de nuestras diferencias políticas, no podamos volver a hacerla grande.

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