31 enero 2006

Il casto Cavaliere

Decía el viejo profesor que las promesas electorales se hacen para no cumplirse. Silvio Berlusconi acaba de prometer lo que problamemente le sea más dificil de realizar, dado su historial de playboy impenitente.

«Presidente, rezo para que gane usted, le doy mi bendición», le dijo el sábado en Cerdeña don Massimiliano Pusceddu, párroco di San Lucifero di Vallermosa, uno de tantos curas italianos dicharacheros y que aparecen en tertulias de televisión. «Se lo agradezco mucho, intentaré estar a la altura y le prometo desde ahora dos meses y medio de abstinencia sexual absoluta, hasta las elecciones», respondió el magnate. Ni siquiera la vieja democracia cristiana había llegado tan lejos, pero el nivel de la campaña electoral italiana ha caído tan bajo que lo hace posible.

Se me escapa en qué puede ser beneficioso para el pueblo italiano la promesa de Berlusconi, pero por mi parte me alegraría infinito que los políticos españoles prometieran (y cumplieran) dejar de joder durante un par de meses. Sería un descanso para todos, ¿verdad?.

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