30 enero 2006

Mariconadas las justas

No quiero hacer de abogado del diablo, pero a mí no se me ocurriría ir al lugar de trabajo de unos amigos y hacerles bromas sobre uno que está recién llegado y al que no entiendo ni cómo habla. Y mucho menos gastarle mariconadas cuando ni imagino siquiera la ofensa que ello pueda suponer para él.

Bien está, como dicen algunos, que el que llega es el que debe, prioritariamente, entender la idiosincrasia del lugar que le acoge (suponiendo que el moranco sea el paradigma del buen gusto sevillano, que ya es suponer), pero no es menos cierto que todos debemos un respeto al otro en tanto que éste no se muestre receptivo a depende qué bromas. Porque no creo que nadie se quede impasible si ese conocido tan bromista le toca el culo a la mujer de uno, aunque sea, eso sí, en plan de broma y 'buen rollito'.

Se pregunta el amigo Paco Romero, y yo con él, en el blog de Foro sevillista:
"¿No puede ser que en la mente del balcánico todavía pervivan algunos principios éticos y morales, mamados desde la más tierna infancia, que le impiden “entender” estas bromitas a las que -forzosamente- nos hemos tenido que acostumbrar -sí o sí- en este sur de Europa, cuna de casi todas las banalidades? ¿No puede ser que la degeneración ética y moral que sufren las sociedades europea y española en general y la andaluza en particular, colisione frontalmente con el digno respeto mutuo que ha estado vigente en nuestra sociedad hasta hace escasos lustros? ¿Pero es que todo vale? ¿Eso también forma parte de la sevillanía de la que tanto nos gusta presumir?"
Lo dicho, César. Mariconadas las justas y según con quién.

P.S.: Por cierto, oí ayer en una emisora de radio que, al ser agredido, un utillero le dijo a Cadaval que cogiera un palo y se defendiera, a lo que él contesto: "¿Un palo?. Yo lo que voy a coger va a ser un taxi, pa irme rápido pa casa...". Genio y figura.

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