03 marzo 2006

"Estética cani"

El fenómeno cani está convirtiéndose en algo consuetudinario en Sevilla. Los prebostes municipales prefieren llamarlo estética cani. Yo prefiero la denominación hética cani, porque sin h alude a la moral y a los progenitores de estas pequeñas bestezuelas la palabra moral les provocaría sarpullidos si conocieran lo que significa. Hética en la acepción de flaco, casi en los huesos, que Dios me libre de desearles una tisis a estas criaturitas del Señor, que también lo son aunque no lo parezcan. No en balde cani es abreviatura de canijo.

A lo que iba. Cada vez que alguien da la voz de alerta sobre el peligro real (dejó de ser potencial hace tiempo) que nos amenaza, las autoridades aluden a la estética, como si todo fuera cuestión de ponerse la cabeza como un cenicero y colocarse encima una gorrita blanca Nike, of course. Y, sobre todo, invocan la colaboración paterna para atajar el mal.

Esta fatídica moda que estamos viviendo no es cuestión de ropajes, sino de entrañas. El fracaso absoluto del modelo educativo, el relativismo moral y la ausencia total de valores son los polvos que ahora traen estos lodos. Menores amparados por la estúpida ley que nadie se atreve a derogar de una vez por todas campan por sus respetos sabedores de que nadie puede tocarles.

Así que, señores que nos malgobiernan, no nos hablen de colaboración paterna. Ustedes son los responsables de las palizas por MMS, los causantes del burnout del profesorado y de la desesperación de los que vivimos pendientes de una llamada. La única colaboración que pueden ustedes esperar de los padres es que tomemos el relevo a la fracasada operación policial que pretendía acabar con el menudeo a la puerta de los colegios y acabemos tomándonos la justicia por nuestra mano.

No es la primera vez ni será la última.

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