08 mayo 2006

A don Santiago no le gusta la sentencia

Esta tarde he encendido la radio e, inopinadamente, sonó la SER y me quedé escuchándola (mea culpa, prometo peregrinar al Valle de los caídos con grandes golpes de pecho). Decía que sonó la SER y en ella el afamado matador Santiago Carrillo, carnicerito de Paracuellos, se quejaba por la sentencia condenatoria recaída en los funcionarios que actuaron como policía política al servicio del PSOE en el caso Bono.

Venía a decir el bueno de don Santiago que le extrañaba mucho la celeridad del juicio, que a los que le intentaron agredir en la complutense nadie les había molestado y que en España seguía habiendo una justicia distinta para las izquierdas y las derechas. "Los jueces españoles todavía... en fin...", apostilló. Mientras, el otrora ponente popular Herrero le jaleaba y daba la razón.

Este individuo, con perdón de los individuos, en su senil demencia, rememora tiempos lejanos en que la policía actuaba al dictado de los políticos (por ejemplo, el secretario general de las juventudes socialistas) y cometían impunemente cuantas arbitrariedades, detenciones ilegales, secuestros y asesinatos les eran ordenados ("tiros a la barriga", dicen que dijo Azaña). Ése será el tipo de justicia que al él le gusta, la que impartían las brigadas del amanecer.

La mayor injusticia que se haya podido cometer sobre él es que no comparezca ante un Tribunal de Derechos Humanos como acusado de genocidio, delito que, según dicen, no prescribe.

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