09 mayo 2006

Una pica en Flandes


«Al lento batir de los tambores, las primeras filas de españoles movíanse hacia adelante, codo a codo con sus camaradas, ordenados y soberbios como si desfilaran ante el propio rey. Los mismos hombres amotinados días antes por sus pagas iban ahora dientes prietos, mostachos enhiestos y cerradas barbas, andrajos cubiertos por cuero engrasado y armas relucientes, fijos los ojos en el enemigo, impávidos y terribles, dejando tras de sí la humareda de sus cuerdas de arcabuz encendidas»... Flandes, 1625 - 2006.


De nuevo los Tercios españoles embarcan rumbo a Flandes. Allí, en tierra de herejes, ha de librarse la batalla definitiva. No es el pusilánime Duque de Medina Sidonia quien dirige hoy las naves de la Grande y Felicísima Armada, sino el victorioso Ambrosio de Spínola, vencedor de mil batallas y que, como frente a Breda, sabrá conducir la nave sevillista a la victoria en la conquista del cetro europeo.

Ha de ser el país que los Nassau defendieran fieramente ante el empuje español el campo donde se libre el combate en que la pérfida Albión se vea por fin doblegada. Holanda ya no teme al Duque de Alba ni es aliada fiel del Imperio británico, antes bien se muestra como escenario propicio y neutral para que en su suelo el león inglés se humille ante la furia española.

No será esta ocasión como Trafalgar o Gibraltar, sino como Cartagena de Indias o Tenerife. Ni el francés (que ya cayó en el camino) ni dirigentes ineptos estorbarán la victoria. Aquí y ahora tenemos un Blas de Lezo y un Gutiérrez que sabrán frenar el empuje inglés. Y si ya en aquellas fechas el león salió trasquilado y con un brazo menos, en esta oportunidad necesariamente ha de sucumbir.

En el Museo Militar de Almeida, donde se exhiben los objetos y documentos más destacados relacionados con la épica jornada del 25 de julio de 1797 en Santa Cruz de Tenerife, ocupa un lugar principal un cañón de bronce, fundido en Sevilla en el año 1768, de 134 mm. de calibre y de unas dos toneladas de peso. Su nombre es Tigre. Está perfectamente conservado y en condiciones de hacer fuego. La tradición le atribuye el disparo que causó la grave herida que dejó manco a Horacio Nelson y el hundimiento del cúter Fox, en el que se encontraban oficiales y soldados escogidos.

... fundido en Sevilla.

Fundido en Sevilla, como el equipo que defiende a nuestra ciudad en Eindhoven y que pasea los colores nacionales por media Europa, porque estamos orgullosos de defender a España en una competición internacional. Porque Andalucía is Spain. Yes, it's Spain. Y mañana, entre el tsunami carmesí que nos acompaña en este nuestro centenario, veréis ondear la bandera rojigualda, la nuestra, la de todos.


¡¡¡ Vamos, mi Sevilla !!!. ¡¡¡ Hagamos que muerdan el polvo los perros ingleses !!!

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1 Comments:

Anonymous Diego said...

Los hijos de Hispania, como un solo hombre, hacen resonar de sus gargantas al unísono el apellido: ¡Santiago, Cierra España! Y así, con pasmosa frialdad, arriman los arcabuces al hombro, disparando sobre los flamencos. El Tercio entra en fuego, como es usual, "a tres picas" del enemigo.

Hoy el combate es contra la pérfida Albión, y sólo hacen falta una pica o dos...

Enhorabuena por tu artículo, me ha gustado mucho.

"¡Sabino, a mí que los arrollo!"

¡Suerte!

10:07 a. m.  

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