31 mayo 2006

Holanda, paradigma de libertades...

a la que nuestra progresía invoca como ejemplo de cuanto gira en torno a legislación sobre prostitución, drogas, eutanasia o matrimonios homosexuales, ha dado una nueva vuelta de tuerca en su carrera por sumir al hombre en la depravación más absoluta.

Según leo en diferentes medios, ha surgido un partido político -irónicamente denominado Caridad, Libertad y Diversidad (NVD)- que aboga por fijar la edad legal para mantener relaciones sexuales en los 12 años, así como permitir que los niños a partir de 16 años puedan libremente practicar la pornografía y la prostitución. En sus reivindicaciones no olvida la legalización del bestialismo.

El tipo repugnante que abandera esa causa es un tal Van der Berg, y no hay más que ver su cara para imaginar... mejor no imaginar.


A muchos se nos hace muy cuesta arriba que una sociedad permita en su seno seres tan perfectamente odiosos como éstos, sobre todos a los que tenemos hijos en las edades que manejan. Y a mí personalmente que un baboso como el tipo de la foto embauque a una niña de 12 años para que mantenga relaciones sexuales con él es algo que me supera. ¡Vamos a sacudir La Haya para que despierte! es su lema. Yo por mi parte abogaría por fundar un partido cuyo lema fuera ¡Vamos a sacudir al NVD hasta que no despierte!.

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26 mayo 2006

Por si el benegá no se ha enterado

Es costumbre de cuando en cuando reproducir aquí los artículos que publica en El Semanal el académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte, en parte por mi admiración por este escritor y sobre todo porque en muchas ocasiones suelta verdades como puños, ora por las bravas, ora por lo sutil, ora por lo elegante.

Este último caso es el del artículo que se ha de publicar esta semana. Con claridad meridiana pone los puntos sobre la íes acerca de la descabellada intención del benegá de imponer sus criterios políticos a los lingüísticos de la RAE.

Si alguno no quiere esperar al domingo para leerlo o, como es mi caso, cada vez le provoca más sarpullidos acercarse a un ejemplar de ABC, ahí lo lleva:

Sobre gallegos y diccionarios

Resulta que el Bloque Nacionalista gallego presentó una proposición, de las llamadas no de ley, para que el Gobierno inste a la Real Academia Española a eliminar del diccionario dos significados percibidos como insultantes. En la quinta y sexta acepciones de la palabra gallego, una con marca de Costa Rica y otra de El Salvador, se precisa que ese gentilicio es utilizado allí con el significado de tonto (falto de entendimiento o de razón) y de tartamudo. Y como el partido político gallego estima que eso es un oprobio para Galicia, quiere que se obligue a la RAE a retirarlo. Esto demuestra que nadie en el Benegá reflexiona sobre la misión de los diccionarios. Descuido, diríamos. O quizá no es que no reflexionen, sino que no saben. Ignorancia, sería entonces la palabra. Aunque tal vez sepan, pero no les importe, o no entiendan. Se trataría, en tal caso, de demagogia y torpeza. Y cuando descuido, ignorancia, demagogia y torpeza se combinan en política, sucede que en ésta, como en la cárcel del pobre don Miguel de Cervantes, toda imbecilidad tiene su asiento.

Al hacerse a sí misma y evolucionar durante siglos, cualquier lengua maneja valoraciones –a menudo simples prejuicios– compartidas por amplios grupos sociales. Eso incluye, por acumulación histórica, el sentido despectivo de ciertas palabras, habitual en todas las lenguas y presente en diccionarios que recogen el significado que esas palabras tienen en el mundo real. Por ello es tan importante el DRAE: porque se trata del instrumento de consulta –imperfecto como toda obra en evolución y revisión constantes– que mantiene común, comprensible, el español para quinientos millones de hispanohablantes. Quienes acuden a él buscan una guía viva de la lengua española en cualquier lugar donde ésta se hable. Refiriéndonos a gallego, si el DRAE escamoteara uno de sus usos habituales –por muy perverso que éste sea–, el diccionario no cumpliría la función para la que fue creado. Sería menos universal y más imperfecto. El prestigio de que goza el DRAE en el mundo hispánico no es capricho de un grupo de académicos que se reúnen los jueves. Veintidós academias hermanas lo mejoran y enriquecen con propuestas y debates –a veces enconados y apasionantes– a lo que se añaden millones de consultas y sugerencias recibidas por internet. En el caso de gallego, esas dos acepciones vinieron de las academias costarricense y salvadoreña. Y no podía ser de otro modo, pues el diccionario, al ser panhispánico, está obligado a dejar constancia de los usos generales, tanto españoles como americanos. Ni crea la lengua, ni puede ocultar la realidad que la lengua representa. Y desde luego, no está concebido para manipularla según los intereses políticos o socialmente correctos del momento, aunque ciertos partidos o colectivos se empeñen en ello. El DRAE realiza un esfuerzo constante por detectar y corregir las definiciones que, por razones históricas o de prejuicios sociales, resultan inútilmente ofensivas. Pero no puede borrar de un plumazo la memoria y la vida de las palabras. Retorcerlas fuera de sentido o de lógica, eliminar merienda de negros, gitanear, hacer el indio, judiada, punto filipino, mal francés, andaluzada, moro, charnego, etcétera, satisfaría a mucha gente de buena fe y a varios notorios cantamañanas; pero privaría de sentido a usos que, desde Cervantes hasta hoy, forman parte de nuestras herramientas léxicas habituales, por desafortunadas que sean. Por supuesto, el día que dejen de utilizarse, la RAE tendrá sumo placer, no en borrarlas del diccionario –los textos que las incluyen seguirán existiendo–, sino en añadirles la feliz abreviatura Desus.: Desusado.

Una última precisión. Con leyes o sin ellas, el Gobierno español no tiene autoridad para cambiar ni una letra del DRAE. La Academia es una institución independiente, no sometida a la demagogia barata y la desvergüenza de los políticos de turno. Eso quedó demostrado –creo que ya lo mencioné alguna vez– cuando se negó a acatar el decreto franquista de privar de sus plazas a los académicos republicanos en el exilio, manteniéndolas hasta que sus titulares fallecieron o regresaron, muchos años después. Y aunque el dictador, como venganza, dejó a la institución en la miseria, retirándole toda ayuda económica, la RAE –incluso con académicos franquistas dentro– no se doblegó nunca. Así que ya puede calcular el Bloque Nacionalista gallego lo que afecta a la Real Academia Española su proposición al Gobierno.

El Semanal 28 de mayo de 2006

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19 mayo 2006

El bastardo que mandó asesinar a Calvo Sotelo...

...ya tiene Plaza en Sevilla.

Me malicio que la placa va a durar poco en pié. Nunca en el corazón de Sevilla hubo sitio para asesinos sin honor.

¿Las razones?. Las enumeró el concejal del PP Gregorio Serrano y las publica ABC de Sevilla:

1. Porque era antidemócrata. La democracia como medio, no como fin.
2. Porque era revolucionario. Su meta última era la revolución socialista.
3. Porque era totalitario. Nunca respetó al adversario político.
4. Porque, como denunciaron sus camaradas, era un cobarde (especialista en maleteros de coches). Prieto huyó al extranjero en la huelga de 1917, en el golpe de diciembre de 1930 y en octubre de 1934.
5. Porque según Largo Caballero, era un «envidioso, orgulloso, soberbio; se creyó superior a todos; no ha tolerado que nadie le hiciera la más pequeña sombra».
6. Porque no creía en la igualdad entre el hombre y la mujer. Cuando fue derrotado en las elecciones de 1933 echó la culpa de todo al voto de la mujer. En el fondo, no creía en la democracia.
7. Porque en el intento social-comunista de acabar con la república democrática en octubre de 1934 fueron dos lugartenientes de Indalecio Prieto dirigidos personalmente por él, quienes asumieron el mando de la revolución asturiana: Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña.
8. Porque fue un rupturista nato. Afirmó en las mismas Cortes el 02-10-33 que «la colaboración del Partido Socialista en gobiernos republicanos, cualesquieran que sean sus características, su matiz y su tendencia ha concluido definitivamente».
9. Porque practicó el pistolerismo: durante las elecciones de noviembre de 1933, concretamente el 07-11-33, anunció en un mitin de Granada con la advertencia de «levantar la tapa de los sesos de un balazo al que se cruce en su camino».
10. Porque en las elecciones de 1933 no admitió la derrota electoral del PSOE. Una semana antes, el 29-10-33, Prieto había incitado a sus huestes a vencer en las calles en el día 20, al grito de «¡Viva la revolución social!», y en caso de fracaso electoral, «si llegan al Poder las fuerzas reaccionarias, el pueblo estará en deber de levantarse revolucionariamente».
11. Porque el 19-12-33 amenazó con la revolución antidemocrática: «Decimos, señor Lerroux y señores diputados, desde aquí, al país entero, que, públicamente contrae el Partido Socialista el compromiso de desencadenar, en ese caso, la Revolución...»
12. Porque, como consecuencia de ello, en septiembre de 1934 traficó con armas para acabar con la II República, estando implicado directamente, junto a su gran amigo, el financiero Horacio Echevarrieta, en el asunto del Turquesa, un barco que debía llevar hasta Cádiz un cargamento de armas hasta Portugal, y acabó desembarcándolas en Asturias gracias a un dinero aportado por el PSOE.
13. Porque su guardaespaldas de la Motorizada, Luis Cuenca Estevas «El Cubano» o «El Pistolero» fue el encargado de dar el tiro de gracia a Calvo Sotelo.
14. Porque, según testimonio de Vicente Reguengo, Indalecio Prieto había asegurado a los activistas socialistas de La Motorizada que tenían carta blanca para atentar contra Gil Robles y que Casares Quiroga facilitaría las labores terroristas del PSOE.
15. Porque durante la dramática discusión de la Diputación Permanente de las Cortes, Prieto tuvo tres lapsus al referirse al asesinado como Gil Robles. Los asesinos tenían planeado matar primero a Gil Robles.

Bastardos...

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11 mayo 2006

La noche más hermosa


¡¡¡ CAMPEONES !!!

Apabullando al Middlesbrough inglés, con la mayor goleada que se recuerda en los anales de la Copa de la UEFA, mi Sevilla FC de mi alma ha inscrito con letras de oro el nombre de mi ciudad y de España en el Olimpo de los campeones europeos.

¡¡¡ GRANDE, SEVILLA !!!

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09 mayo 2006

Una pica en Flandes


«Al lento batir de los tambores, las primeras filas de españoles movíanse hacia adelante, codo a codo con sus camaradas, ordenados y soberbios como si desfilaran ante el propio rey. Los mismos hombres amotinados días antes por sus pagas iban ahora dientes prietos, mostachos enhiestos y cerradas barbas, andrajos cubiertos por cuero engrasado y armas relucientes, fijos los ojos en el enemigo, impávidos y terribles, dejando tras de sí la humareda de sus cuerdas de arcabuz encendidas»... Flandes, 1625 - 2006.


De nuevo los Tercios españoles embarcan rumbo a Flandes. Allí, en tierra de herejes, ha de librarse la batalla definitiva. No es el pusilánime Duque de Medina Sidonia quien dirige hoy las naves de la Grande y Felicísima Armada, sino el victorioso Ambrosio de Spínola, vencedor de mil batallas y que, como frente a Breda, sabrá conducir la nave sevillista a la victoria en la conquista del cetro europeo.

Ha de ser el país que los Nassau defendieran fieramente ante el empuje español el campo donde se libre el combate en que la pérfida Albión se vea por fin doblegada. Holanda ya no teme al Duque de Alba ni es aliada fiel del Imperio británico, antes bien se muestra como escenario propicio y neutral para que en su suelo el león inglés se humille ante la furia española.

No será esta ocasión como Trafalgar o Gibraltar, sino como Cartagena de Indias o Tenerife. Ni el francés (que ya cayó en el camino) ni dirigentes ineptos estorbarán la victoria. Aquí y ahora tenemos un Blas de Lezo y un Gutiérrez que sabrán frenar el empuje inglés. Y si ya en aquellas fechas el león salió trasquilado y con un brazo menos, en esta oportunidad necesariamente ha de sucumbir.

En el Museo Militar de Almeida, donde se exhiben los objetos y documentos más destacados relacionados con la épica jornada del 25 de julio de 1797 en Santa Cruz de Tenerife, ocupa un lugar principal un cañón de bronce, fundido en Sevilla en el año 1768, de 134 mm. de calibre y de unas dos toneladas de peso. Su nombre es Tigre. Está perfectamente conservado y en condiciones de hacer fuego. La tradición le atribuye el disparo que causó la grave herida que dejó manco a Horacio Nelson y el hundimiento del cúter Fox, en el que se encontraban oficiales y soldados escogidos.

... fundido en Sevilla.

Fundido en Sevilla, como el equipo que defiende a nuestra ciudad en Eindhoven y que pasea los colores nacionales por media Europa, porque estamos orgullosos de defender a España en una competición internacional. Porque Andalucía is Spain. Yes, it's Spain. Y mañana, entre el tsunami carmesí que nos acompaña en este nuestro centenario, veréis ondear la bandera rojigualda, la nuestra, la de todos.


¡¡¡ Vamos, mi Sevilla !!!. ¡¡¡ Hagamos que muerdan el polvo los perros ingleses !!!

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08 mayo 2006

A don Santiago no le gusta la sentencia

Esta tarde he encendido la radio e, inopinadamente, sonó la SER y me quedé escuchándola (mea culpa, prometo peregrinar al Valle de los caídos con grandes golpes de pecho). Decía que sonó la SER y en ella el afamado matador Santiago Carrillo, carnicerito de Paracuellos, se quejaba por la sentencia condenatoria recaída en los funcionarios que actuaron como policía política al servicio del PSOE en el caso Bono.

Venía a decir el bueno de don Santiago que le extrañaba mucho la celeridad del juicio, que a los que le intentaron agredir en la complutense nadie les había molestado y que en España seguía habiendo una justicia distinta para las izquierdas y las derechas. "Los jueces españoles todavía... en fin...", apostilló. Mientras, el otrora ponente popular Herrero le jaleaba y daba la razón.

Este individuo, con perdón de los individuos, en su senil demencia, rememora tiempos lejanos en que la policía actuaba al dictado de los políticos (por ejemplo, el secretario general de las juventudes socialistas) y cometían impunemente cuantas arbitrariedades, detenciones ilegales, secuestros y asesinatos les eran ordenados ("tiros a la barriga", dicen que dijo Azaña). Ése será el tipo de justicia que al él le gusta, la que impartían las brigadas del amanecer.

La mayor injusticia que se haya podido cometer sobre él es que no comparezca ante un Tribunal de Derechos Humanos como acusado de genocidio, delito que, según dicen, no prescribe.

04 mayo 2006

Memoria histórica selectiva

Una noticia me llama la atención por lo que tiene de novedosa. La noticia en cuestión señala que el 'Diccionario del Nuevo Mundo' que acaba de publicar Tello Mañueco "pone de manifiesto las luces y sombras en la conquista y la expansión de América por parte de España". Me alegra saber que alguien pone negro sobre blanco que la Conquista tuvo algo de luz.

Sigo leyendo y en su desarrollo la noticia alude a que el autor ha llegado a la conclusión de que la conquista de América fue 'la de la rapiña de riquezas y de vidas en nombre del Viejo Mundo y de Dios, una epopeya donde se mezclaron el valor, la codicia, el heroísmo y la crueldad'. Una conclusión que deja poco lugar a las luces y sí mucho a las sombras.

Buceando por la web noticias del autor lo encontramos, según el Diario Palentino en un acto de IU en homenaje a los demócratas de la II República, donde el prestigioso historiador, colaborador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica intervino para recordar que, aunque Palencia no fue escenario de la Guerra Civil porque no tuvo trincheras, «si sufrió los tiros de los pelotones de fusilamiento» que acabaron con la vida de cerca de 1.500 palentinos.

Tremenda decepción. Más de lo mismo. El que tenga ánimos, que se lea el "diccionario". Yo no tengo tragaderas, lo confieso.

03 mayo 2006

FRAILES DE ARMAS TOMAR

Después de unos días de descanso (Sevilla, Abril, Feria... ya sabéis), retomo la tecla y hoy os recomiendo la lectura del divertidísmo artículo dé Pérez-Reverte en el Semanal del domingo.

Y mañana... hablaremos del gobierno.

De vez en cuando me doy una vuelta por los viejos avisos y relaciones del siglo XVII, aquellas cartas u hojas impresas que, en la época, hacían las veces de periódicos, contando sucesos, hechos bélicos, noticias de la corte y cosas así. Con el tiempo he tenido la suerte de reunir una buena provisión en diversos formatos, y algunas tardes, sobre todo cuando tengo un episodio de Alatriste en perspectiva, suelo darles un repaso para coger tono y ambiente. Su lectura es sugestiva, a veces también desoladora –comprendes que ciertas cosas no han cambiado en cuatro siglos–, y en ocasiones muy divertida. Ése es el caso de una relación con la que di ayer. Está fechada en 1634, y se refiere a la peripecia de tres frailes mercedarios españoles que viajaban frente a la costa de Cerdeña. Me van a permitir que lo cuente, porque no tiene desperdicio.

El barco era pequeño y franchute, llevaba rumbo a Villafranca de Nizo, y a bordo, además de los tres frailes españoles –Miguel de Ramasa, Andrés Coria y Eufemio Melis–, iban el patrón, cuatro marineros y cinco pasajeros. A pocas millas de la costa se les echó encima un bergantín turco –en aquel tiempo se llamaba así a todo corsario musulmán, berberiscos incluidos– haciendo señales de que amainasen vela. El patrón se dispuso a obedecer, argumentando que, siendo francés el barco, podrían negociar con los corsarios y seguir viaje a salvo. Pero los tres frailes, súbditos del rey de España, no veían las cosas con tanto optimismo. Ustedes se escapan de rositas, protestaron, pero nosotros vamos a pagar el pato. Por religiosos y por españoles, pasaremos el resto de nuestras vidas apaleando sardinas al remo de una galera, o cautivos en Argel o Turquía. Así que, de perdidos al río, resolvieron cenar con Cristo antes que en Constantinopla. Que el diálogo de civilizaciones, apuntaron, lo dialogue la madre que los parió. De manera que se remangaron las sotanas, se armaron como pudieron con cuatro chuzos, tres escopetas y tres espadas sin guarnición que había a bordo, y amotinándose contra los tripulantes del barco, los metieron con los cinco pasajeros encerrados bajo cubierta. Después pusieron trapos en torno a las espigas de las espadas para que sirvieran de empuñaduras, y se hicieron una especie de rodelas amarradas al brazo izquierdo con almohadas y cuerdas. Luego se arrodillaron en cubierta y rezaron cuanto sabían. Salve, regina, mater misericordiae. Etcétera.

Ahora, háganme el favor y consideren despacio la escena, que tiene su puntito. Imaginen ese bergantín corsario de doce bancos que se acerca por barlovento. Imaginen a esos feroces turcos, o berberiscos, o lo que fueran –veintisiete, según detalla la relación–, amontonados en la proa y en la regala, blandiendo alfanjes y relamiéndose con la perspectiva, en plan tripulación del capitán Garfio. Imaginen la sonora rechifla del personal cuando se percata de que en la cubierta de la presa no hay más que tres frailes arrodillados y dándose golpes de pecho. Y en ésas, cuando los dos barcos están abarloados y los turcos se disponen a saltar al abordaje, los tres frailes –los supongo jóvenes, o cuajados y correosos, duros, muy de su tiempo– se levantan, largan una escopetada a quemarropa que pone a tres malos mirando a Triana, y luego, gritando como locos Santiago y cierra España, Jesucristo y María Santísima, o sea, llamando en su auxilio al santoral completo y al copón de Bullas, tras embrazar las almohadas como rodelas, se meten en la nave corsaria a mandoble limpio, acuchillando como fieras, dejando a los turcos con la boca abierta, perdón, oiga, vamos a ver, aquí hay un error, los que teníamos que abordar éramos nosotros. Con la cara del Coyote tras caerle encima la caja de caudales que tenía preparada para aplastar al Correcaminos. Y así, en ese plan, dejando la mansedumbre cristiana para días más adecuados, los frailes escabechan en tres minutos a doce malos, que se dice pronto, y otros cinco se tiran al agua, chof, chof, chof, chof, chof, y el resto, con varios heridos, pide cuartel y se rinde después de que fray Miguel Ramasa le atraviese el pecho con un chuzo al arráez corsario, «juntándose los dos tanto, que le alcançó el turco a morder en una mano, y acudiendo fray Andrés Coria le acabó de matar». Con dos cojones.

Ocurrió el 21 de octubre de 1634, día de santa Úrsula y de las Once Mil –una más, una menos– Vírgenes. Y qué quieren que les diga. Me encantan esos tres frailes.

El Semanal 30 de abril de 2006