17 abril 2007

Quien quiera oir, oiga

HOMENAJE A LA BANDERA EN EL DÍA DE LA PATRIA ESPAÑOLA (14/04/07)

Tal día como hoy, hace 76 años, se proclamaba en España el advenimiento de la Segunda República. Este advenimiento se realizó de una forma ilegal, pero legítima, pues España no soportaba más el ciclo histórico “gloriosamente fenecido” que representaba la Monarquía Borbónica.

Asistimos, también hoy, al entierro de otro ciclo histórico, cargado de traiciones, deserciones, deslealtades, cambios de chaqueta .

El régimen que nació de la Cruzada garantizó una patria, una Nación, exenta del funesto impuesto Comunista. Un comunismo que cayó él solo, por su propio y cochambroso peso, dejando un mundo libre de esa concreta amenaza, pero mucho después de que el Caudillo librara, no sólo a España, sino a toda Europa del fantasma aberrante del marxismo.

Europa entera, y el llamado mundo libre, tienen una deuda eterna con los mártires y los supervivientes de nuestra Guerra de Liberación, que fue Cruzada.

Sin embargo quedaron vivas otras muchas amenazas que son, precisamente, las que, aunque ganamos la guerra, NOS HICIERON PERDER LA PAZ.

Esas otras amenazas las representan la monarquía liberal parlamentaria

El nefasto sistema de partidos políticos y sus correspondientes sindicatos de clase.

El sistema demoliberal, basado en el capitalismo económico y en la explicación de la existencia de hombres y países –que no Patrias- en términos materialistas, puramente mercantilistas, objeto todo de compra y venta, no sólo las materias, sino las adhesiones, los hombres mismos, sus voluntades y su personalidad.

Nos encontramos ante una nación carente de valores, en la que el sentido ascético y militar de la vida, se ha visto sustituido por la cultura del bienestar, esto es, de la apatía, la indeferencia, el aburguesamiento y la sumisión a las todopoderosas maquinarias de los partidos políticos y a la permanente y sistemática manipulación, de hombres y de conciencias, que realizan los medios de comunicación afectos a unos u otros partidos políticos.

Nuestra bandera es, viene siendo, desde el advenimiento de la burguesía demoliberal refrendada por nuestra nefanda Constitución, relegada a los actos oficiales, y escondida el resto del tiempo, en el que no se exhibe ni siquiera en los balcones y fachadas de los organismos oficiales donde, precisamente por el rechazo que produce,se hace más urgente y necesaria su presencia.

No existe partido alguno, en el arco parlamentario, que la defienda y exhiba sin complejos y sin tapujos salvo, como en al caso del PARTIDO POPULAR, CUANDO ES APEADO DEL GOBIERNO Y PRECISA DE TODO ESE LLAMADO FRANQUISMO SOCIOLÓGICO DEL QUE RENIEGA EL RESTO DEL TIEMPO.

Aún así nuestra bandera se proscribe, no ya en Vascongadas o en Cataluña, en Galicia, en Valencia o en el recientemente aprobado hecho nacional andaluz, sino que en los propios e interesados actos del PP se la abuchea cuando no luce en su centro el repugnante y bochornoso escudo de la casa real de los bastardos Borbones.

Y por qué ocurre esto: Es sencillo. Cuando las formaciones y organizaciones que se dicen a sí mismas patriotas esconden nuestras banderas; renuncian a nuestros símbolos, arrían nuestra señas de identidad y las camuflan porque no están bien vistas, qué podemos esperar de quienes siempre la odiaron, la escupieron y la quemaron o de quienes, como el PP, sólo la exhiben en Campaña electoral.

A nosotros nos toca la tarea de desagraviar, cada vez que lo requiera el momento, a nuestra gloriosa Bandera nacional con su verdadero y genuino escudo: el del Águila de San Juan Evangelista, escudo oficial de los reyes Católicos, verdaderos artífices de la consumación de la primigenia UNIDAD NACIONAL ESPAÑOLA.

Ésta es nuestra tarea más importante hoy día. Porque si nuestra bandera hace daño no es por sus colores o por la forma de su escudo, es porque representa la Unidad, Grandeza y Libertad de nuestra patria. Nuestra Soberanía, nuestra independencia, nuestra integridad territorial; y NUESTRA IDENTIDAD.

Esta BANDERA es el resumen, el símbolo de nuestra lucha: LA ADHESIÓN A UNOS PRINCIPIOS SAGRADOS E INMUTABLES Y EL RECHAZO DE LA CONSTITUCIÓN VIGENTE Y DEL SISTEMA ENTERO QUE ESE DETESTABLE PANFLETO ENCARNA.

Merecido y necesario es, en consecuencia, este Homenaje.

Me gustaría ahora renovar junto a vosotros nuestro compromiso de defensa y lucha por la Nación que nuestra bandera simboliza y representa, que no es desde luego EL PAÍS QUE PADECEMOS.

Por ello, como escribió Emilio Romero CLAMO:

¡SÍ, JURAMOS!
No perecer bajo ninguna bota.
No sucumbir bajo ningún tirano.
No jurar ante Dios su ley en vano.
No aceptar una España pobre y rota.
Y si por nuestra culpa vence la derrota
Que Dios nos deje siempre de su mano.

¡Arriba España!


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13 abril 2007

Grande y Felicísima Armada.


Esta vez sí. Esta vez la flota española consiguió remontar el Támesis y derrotar al inglés en su propio feudo. Esta vez sí fue Grande y Felicísima Armada. Y es que esta vez lucharon hombres contra hombres, no contra los elementos.

En mayo de 1588 la Armada Invencible salió de Lisboa. Treinta mil hombres y ciento treinta navíos que fueron diezmados por las tempestades mientras el pirata inglés, oportunista y taimado, aprovechó la ocasión que la suerte puso en su camino y derrotó a las ya muy mermadas fuerzas españolas.

En abril de 2007 la Invencible volvió a zarpar. Una veintena de valientes, arropados por más de mil doscientos incondicionales, consumaron la gesta y demostraron una vez más que la pérfida Albión, sempiterna jugadora de ventaja, nada puede contra la casta y el coraje si es en buena lid.

Modesto Lafuente en su Historia General de España cita así la célebre frase de Felipe II ante el desastre de la Invencible: «Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades. Doy gracias a Dios de que me haya dejado recursos para soportar tal pérdida: y no creo importe mucho que nos hayan cortado las ramas con tal de que quede el árbol de donde han salido y puedan salir otras». Y cuentan también que con motivo de aquella aciaga ocasión, Isabel de Inglaterra hizo grabar una inscripción que rezaba: «Dios sopló y fueron dispersados». En White Hart Lane, también sopló Dios; pero lo hizo sobre la rama que el gran Felipe profetizó, moviéndola con energía para azotar sin piedad al enemigo inglés y humillarlo en el mismísimo corazón de las islas, en plena capital británica. Dichosa la rama hispalense que al tronco hispano sale.

Me gusta decir que el fútbol nació en Inglaterra y se hizo Arte en Sevilla. A las pruebas me remito. Repasen la magnífica primera parte del Sevilla F.C. en Londres y descubran a qué me refiero. Observen con atención ese fútbol hecho arte y filigrana. Asómbrense con la perfección del segundo gol, la precisión en la pared y la definición exquisita de Kanouté en su regreso a la que fuera su casa. Deléitense con Christian Poulsen, el hombre de hielo, dueño y señor del centro del campo. Y disfruten también de la lucha, la entrega y el pundonor de los hombres del Sevilla F.C. en otras fases del partido, porque este deporte también consiste en eso, en pelear como hombres cuando ha menester.

La siguiente batalla será en lucha fratricida contra los que lucen con orgullo en su escudo las cadenas de Miramamolín que Sancho el Fuerte rompiera con su propia espada.

Pero eso ya es otra historia...

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